La historia de un contenedor

Imagina que fueses un contenedor de barco. Eres un sarcófago de metal cuadrado de 20X3X2 metros, hermético y sellado. Fuiste construido en alguna fábrica asiática para ser rellenado de productos embalados y recorrer los 7 mares y los 5 continentes. Te hicieron resistente para que aguantases los envites de las olas del mar y las inclemencias del tiempo.

Alguien, un día, decidió darte otra función. Te cargaron en un trailer y te llevaron al Cuarto Mundo a tan sólo diez kilómetros del Primer Mundo. Saliendo de Madrid por la A3 dirección Valencia pasado el vertedero de Valdemingómez, en mitad de La Cañada Real, el mayor poblado chabolista de la capital de España. Allí donde regresa siempre el fugitivo y donde el mar no se puede concebir.

Alguien, en Suiza, en la sede de la UEFA, decidió invertir parte de su obra social en crear una cancha de Fútbol 7 con RED DEPORTE para que los niños sin futuro pudiesen jugar al balón con porterías. Tu nueva función iba a ser vigilar el campo y guardar los balones para que esos niños pudieran jugar.

Pero no iba a ser tu último cometido. El personal de SALUD ENTRE CULTURAS se presentó allí un caluroso sábado para realizar un taller sobre salud y sexualidad, sobre anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual. Y te limpiaron. E instalaron una consulta en su interior. Y dejaron que los adolescentes y las madres pudiesen hacerse pruebas rápidas de VIH y preguntar confidencialmente y con sencillez aquello que nadie les contó nunca.

Y allí sigues, cada día con una nueva función. Te pintaron de verde, color esperanza. Porque eso es lo que nunca se pierde.