Lo esperable de una reseña sobre unas actividades que se realizan en un lugar ajeno quizá sea comenzar hablando sobre ese lugar, ubicando al lector al que queremos contarle nuestra experiencia. Pero, ¿qué sabemos de Melilla?

Creo que todos y todas nos recordamos a nosotros mismos pintando en el colegio en un mapa las regiones de España. La Península era lo primero en colorear. Pintar y reconocer las islas españolas no era tarea tan extraña, más si alguno ya había estado de vacaciones en Mallorca o Lanzarote. Otra cosa era acordarse de esas dos ciudades remotas, las pequeñitas Ceuta y Melilla, tan fáciles de olvidar. Me pregunto cuánto hincapié harían nuestros profesores en hablarnos de aquellas regiones. Al fin y al cabo, ¿cuántas personas conocemos de nuestro alrededor que se hayan planteado visitar estas dos ciudades? No vamos a hablar de toda la historia de Melilla (que desconocemos en su complejidad), ni pretendemos entender algo que ni los propios habitantes llegan a entender del todo. Vamos a hablar de lo que vimos y lo que sentimos.

El equipo de SALUD ENTRE CULTURAS (SEC), dedicado en su trabajo a la población inmigrante, considera un punto de acción crucial ciudades puerta de entrada a España como son Ceuta y Melilla. En estas ciudades fronteras se da una situación multicultural y conviven, en mayor o menor unión, muchos colectivos vulnerables. Esta vulnerabilidad se expresa en muchos aspectos, pero la que a nosotros nos ocupa es la desinformación acerca de ciertas enfermedades como el VIH/SIDA. Esta desinformación les lleva a correr riesgos que de otro modo no correrían, a no buscar ayuda y a sufrir el estigma asociado al diagnóstico.  En Melilla contábamos con el apoyo local de Melilla Acoge y cuando se abrió la oportunidad para intervenir ahí no lo dudamos. SEC ya había estado en Melilla interviniendo en otras ocasiones, y era el momento de retomarlo.

Algo debe de tener el continente africano, que incluso siendo territorio español, los transportes pueden suponer una odisea. Tras 48 horas de intentos de vuelo fallidos debido a la niebla y el viento, el equipo de SEC consiguió llegar a Melilla y, nada más aterrizar, comenzar las actividades programadas (saltándose esos dos días de aclimatación previos). La llegada no dejó de ser un tanto bizarra. Los compañeros de Melilla Acoge nos recibieron en el aeropuerto y nos llevaron a conocer el CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes). Imagino que los melillenses están acostumbrados a convivir con LA frontera. Para nosotros fue ciertamente incómodo ver pasar con el coche aquella valla en directo e imaginar que muchos de los que íbamos a conocer más tarde habrían tenido que sufrir mil penurias por llegar a ella y escalarla. Es un trozo de metal de 12 km cargado de historias personales, de ambiciones y de renuncias. La valla es un obstáculo y a la vez una entrada en muchos aspectos. Esta barrera supone una entrada al comercio desde y hacia Marruecos y por el que se forman colas de centenares de coches y miles de personas para cruzar días tras día por cualquier de sus accesos. Todo este comercio tiene muchas implicaciones más allá del simple intercambio de productos. Es la causa y consecuencia de la frontera misma, de todo lo bueno y lo malo que ocurre en esa ciudad.

El CETI bien merecería una entrada aparte. Teóricamente, se trata de “un establecimiento de la Administración Pública concebido como dispositivo de primera acogida provisional al colectivo de inmigrantes y solicitantes de asilo en tanto que se realizan los trámites de identificación”. En la práctica, no siempre es provisional y no siempre es acogedor. Aquello es un mundo independiente donde ocurren muchas cosas. En el CETI existe el compañerismo y el aislamiento social. Existen múltiples culturas, subsaharianos, árabes, magrebíes, yemeníes… Uno puede sentirse razonablemente acogido o sentir aquello como una cárcel.

Nuestra intervención con nuestros compañeros de Melilla Acoge consistió en la realización de talleres a más de 100 personas de diferentes colectivos (hombres subsaharianos, personas que ejercen la prostitución, hombres y mujeres árabes, colectivo trans, mujeres marroquíes…) tanto en el CETI como en la sede de la ONG, y la realización de 33 pruebas rápidas de diagnóstico de VIH. Nuestra intención fue hablar de VIH y de SIDA, explicar qué es, por qué y cómo prevenirlo, así como informar del tratamiento disponible y, sobre todo, luchar contra el estigma que hoy, a varias décadas de su descubrimiento, sigue atormentando a los que lo sufren. La recepción fue muy buena y gracias a la indispensable e insustituible función de las intérpretes y mediadoras, pudimos tender un puente de comunicación con personas con vidas muy diferentes a las nuestras. Aprendimos de VIH y de SIDA, pero sobre todo aprendimos un poco más de la vida y de cómo la balanza de la Justicia no es ni mucho menos equilibrada. Vimos en directo ese muro que tantas vidas se ha cobrado. Nos escandalizamos viendo a la cantidad de menores no acompañados (MENAS) que mendigan por las calles de un territorio tan europeo como los Campos Elíseos de París o la Grand – Place de Bruselas. Hablando con personas que ejercen la prostitución nos dimos cuenta que a veces tener la información no es suficiente para protegerse de un riesgo cuando la necesidad económica aprieta. Nos escandalizamos ante la incomprensible imagen de un Centro de inmigrantes que se separa por una carretera de escasos metros de un campo de golf que, a su vez, linda con Marruecos a través de unos hierros que han matado a tanta gente (famosa ilustración de esto es la foto de José Palazón).

Nos llevamos en la mochila de SEC haber podido contextualizar el lugar adonde llegan los inmigrantes que más tarde recibimos en nuestros talleres en Madrid, herramienta útil para conectar con ellos en las próximas actividades que hagamos. Y, por encima de todo, nos llevamos seguir aprendido de cómo hacer educación para la salud donde más se necesita e impacto tiene, qué se sabe de VIH/SIDA y qué se desconoce y cuánto nos queda por seguir trabajando para que personas con VIH puedan tener una vida digna libre de estigma social. Actividades como esta no hacen más que llenarnos de energía y ganas para seguir por este camino, seguir hablando de Salud y seguir haciéndolo Entre Culturas.