Profesionales de la Mediación y la Interpretación

UNA PROFESIÓN INCIPIENTE

El mediador (mediador o mediadora) intercultural es una nueva figura que va emergiendo paulatinamente en distintas partes del mundo.
En España, existen numerosas mujeres y hombres que ejercen esta profesión en distintos ámbitos: hospitales, escuelas, ONG, ayuntamientos… Su presencia es mayor en aquellas regiones con un índice mayor de población inmigrante.

FORMACIÓN

Se trata de profesionales procedentes de diversas ramas (traducción e interpretación, psicología, trabajo social, educación social, antropología, etc.) que han recibido formación específica en mediación intercultural. Hoy en día todavía no existe una categoría profesional establecida, por lo que podemos encontrarnos con personas con distintos niveles educativos, si bien cada día se hace más patente la necesidad de poseer una formación universitaria o una formación continua sólida acompañada de experiencia profesional. Además, es muy recomendable que los mediadores reciban supervisión y apoyo psicológico para desarrollar las herramientas necesarias con las que enfrentarse a situaciones emocionalmente estresantes.

COMPETENCIA LINGÜÍSTICA

No todos los mediadores interculturales deben poseer conocimientos de varias lenguas, como es el caso de los mediadores que trabajan con población latinoamericana hispanohablante o los mediadores que trabajan con españoles de etnia gitana.
Asimismo, el simple conocimiento de las lenguas no es un requisito suficiente para el desempeño de trabajos de traducción e interpretación, para los que se requieren unas competencias y una formación específicas. Con todo, el mediador es algo más que un traductor/traductora/intérprete, pues la traducción e interpretación es solo un aspecto de la mediación, que se perfila como una modalidad de intervención social.

COMPETENCIA INTERCULTURAL

La competencia intercultural permite una acción social adecuada con poblaciones que son culturalmente diferentes. La competencia intercultural comprende tres procesos:

1. Descentración: el distanciamiento de uno mismo, esclarecer y disipar prejuicios y estereotipos.
2. Aproximación al otro: acercamiento al marco social y cultural del otro, empatía.
3. Negociación o mediación: cuando existe un conflicto de valores potencial o real, el mediador deberá evitar que una de las partes imponga su código a la otra. Ambas partes tendrán que hacer cambios y adaptaciones.

Para poseer una buena competencia intercultural es necesario ser consciente de las dimensiones de la comunicación:

– No verbal: distancia entre interlocutores (interlocutores e interlocutoras) , miradas, gestos, etc.
– Paraverbal: silencios, ritmos, solapamientos…
– Verbal: lenguaje escrito y oral.

¿ESPAÑOL O INMIGRANTE?

Los mediadores (mediadores y mediadoras) pueden pertenecer a una de las culturas con las que trabajan o a otra distinta, siempre que posean las aptitudes y competencias necesarias para desarrollar su trabajo. En ciertas ocasiones (como sucede a veces al trabajar con comunidades muy minoritarias) podrá ser recomendable trabajar con mediadores de una cultura diferente a la de los usuarios (usuarios y usuarias) mientras que en otras situaciones será más efectivo trabajar con mediadores de la misma cultura.

¿MEDIADOR O MEDIADORA?

Los mediadores deben sentirse capacitados para poder trabajar con personas de sexos diferentes así como ser conscientes de la influencia de los roles de género que existen en diversas culturas. En ciertas situaciones es posible que el género del mediador o la mediadora no sea relevante. Sin embargo, también es posible que en ocasiones sea más recomendable trabajar con un mediador varón y, en otras ocasiones, trabajar con una mediadora, y los profesionales de la mediación deben saber reconocer estas situaciones.

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