La tuberculosis (TB) sigue siendo una de las principales causas de muerte por infección en el mundo, con más de un millón de víctimas al año. A pesar de que existe tratamiento eficaz, diagnosticar a tiempo a todos los pacientes sigue siendo un reto enorme, especialmente en niños y en personas con VIH, que con frecuencia no presentan los síntomas clásicos de la enfermedad. Ante este panorama, la ciencia busca nuevas pistas en un lugar inesperado: los billones de microorganismos que conviven con nosotros dentro de nuestro propio cuerpo.
Una revisión científica publicada en la revista Gut Microbes por investigadores del Hospital Ramón y Cajal, el Instituto de Salud Global (ISGlobal), el Centro de Investigación en Salud de Manhiça (Mozambique) y la Universidad de Stellenbosch (Sudáfrica) propone que el microbioma, la comunidad de bacterias, hongos y virus que habita en nuestro intestino y pulmones, puede ser un actor clave para entender por qué algunas personas desarrollan la enfermedad y otras no, incluso tras exponerse al mismo bacilo.
¿Qué le ocurre al microbioma cuando hay tuberculosis?
El artículo sintetiza más de una década de investigación y encuentra un patrón recurrente: las personas con TB activa presentan un microbioma intestinal más empobrecido y desequilibrado que las personas sanas. En concreto, pierden bacterias que producen moléculas fundamentales para mantener el sistema inmunitario en equilibrio y la barrera intestinal íntegra. Cuando estas bacterias protectoras escasean, aumenta la inflamación sistémica, lo que puede debilitar la capacidad del organismo para contener la infección.
Este desequilibrio, llamado disbiosis, no solo aparece como consecuencia de la enfermedad. El propio tratamiento antituberculoso, que dura al menos seis meses y combina varios antibióticos, altera profundamente la flora intestinal en cuestión de días, y en muchos pacientes esa alteración no se recupera completamente al terminar la terapia.
A diferencia del intestino, el microbioma pulmonar muestra resultados más inconsistentes entre estudios. Los autores concluyen que, por ahora, no existe una firma microbiana universal en el pulmón que identifique de forma fiable a las personas con TB, y atribuyen esta heterogeneidad a factores como la geografía, la coinfección por VIH y las limitaciones técnicas de obtención de las muestras respiratorias.
Un camino hacia aplicaciones clínicas
Más allá de describir el problema, la revisión apunta a posibles usos clínicos del microbioma en esta enfermedad. El perfil microbiano intestinal podría contribuir, en el futuro y previa validación rigurosa, a identificar a pacientes con mayor riesgo de complicaciones durante el tratamiento, como la toxicidad hepática (uno de los efectos adversos más frecuentes de los fármacos antituberculosos). Asimismo, la recuperación del microbioma a lo largo de la terapia podría ser un indicador indirecto de cómo evoluciona el sistema inmunitario del paciente.
Los autores señalan también que pequeños ensayos clínicos han explorado si suplementos de bacterias beneficiosas reducen los síntomas digestivos asociados al tratamiento, con resultados preliminares prometedores que deberán confirmarse en estudios más amplios.
Una investigación con mirada global
Un mensaje central del artículo es que la mayoría de los estudios sobre microbioma se han realizado en poblaciones de países de renta alta, con dietas y condiciones de vida muy distintas a las de los entornos donde la tuberculosis causa más daño. Los autores reclaman que las investigaciones futuras incluyan de forma prioritaria a comunidades de África y Asia, donde interactúan factores como la desnutrición, las coinfecciones y las particularidades del microbioma local.
La revisión sienta las bases para que la próxima generación de estudios vaya más allá de la descripción y avance, con metodologías más rigurosas y diseños longitudinales, hacia aplicaciones reales que mejoren el diagnóstico y el tratamiento de una enfermedad que lleva siglos entre nosotros.
Esta investigación ha sido financiada por el Instituto de Salud Carlos III a través del Programa FORTALECE (FORT23/00046) y la Acción Estratégica en Salud (PI24/00078), con cofinanciación del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER); por la beca Gilead Fellowship (GLD23/0059); por CIBERINFEC (IM23/INFEC/4); y por la Comisión Europea a través del programa EDCTP2 (RIA2018D-2511).
Artículo original: Mambuque E, Del Amo-de Palacios A, Huete SG, Marsh CC, Theron G, García-Basteiro AL & Serrano-Villar S. (2026). Beyond bacilli: integrating the microbiome into the TB research agenda. Gut microbes, 18(1), 2638004. https://doi.org/10.1080/19490976.2026.2638004

